CUENTO La fulgurante estrella del bosque | Carmen Siller


Había una vez tres amigos llamados Charlotte, Dylan y Liz que nunca se separaban pues se habían conocido desde pequeños y se querían mucho, fueron creciendo y sin darse cuenta se iban separando poco a poco hasta que llegó el momento en que se dejaron de hablar. Ya tenían como 18 años y no se dirigían la palabra, hasta que Charlotte se estaba hartando de este comportamiento, así que decidió hablar con ellos  una tarde, pero digamos que no le hicieron caso pues la ignoraron por completo.
          Ella seguía insistiendo en charlar con ellos todos los días, hasta que Liz le hizo caso y fue a la casa de Charlotte para explicarle:
          —Lo que pasa Charlotte, es que me llama la atención que siempre estás feliz, ayudas a las personas que lo necesitan, tienes como un aura radiante a tu alrededor.
          —Pero por qué sientes envidia de mí, si eres una chica positiva aún cuando las cosas se ven negativas, nos das mucha esperanza, más bien yo siento coraje de ti.
          —¿Entonces nunca me vas a volver a hablar? -contestó Charlotte.
          —No cómo crees!, si te hablaré yo no te odio, eres mi única amiga, a la que aprecio mucho, simplemente este sentimiento debo desecharlo de mi corazón. Desde ese día ellas se hicieron el propósito de convivir más.
          Mientras las amigas ideaban un plan para poder hablar con Dylan para que volvieran a ser los amigos de antes, él se mostraba renuente. Un día Dylan llego llorando con ellas y le preguntaron si algo le ocurría a lo que el contestó:
          —Extraño hablar con ustedes, abrazarlas, ser como antes, solo que al mismo tiempo siento que a lo mejor ustedes tienen algún rencor hacía mí.
          —¿Entonces por qué siempre nos ignoraste o nos tratabas con indiferencia? -exclamó Liz.
          —Porque, tenía miedo... miedo a encariñarme con ustedes otra vez y que nos separáramos, contestó Dylan.
          —Nunca pienses eso Dylan, nosotras siempre estaremos contigo en las buenas y en las malas simplemente porque te queremos.
          Mientras se decían eso, ellos contenían sus lágrimas, al final se dieron un abrazo fraterno y  entendieron que la amistad es una riqueza del ser humano, que vale la pena conocer este sentimiento ya que puedes brindar apoyo, ternura, cariño, dedicación e incluso enojo a la persona que lo expresas; con solo pronunciar la palabra "amigo" sabrás que este te apoyará, no te criticará en lo que pienses tú.
          La amistad es como un cielo estrellado en un fresco y lejano bosque y si percibes a la estrella mas brillante no la pierdas de vista pues es única e irrepetible tal como es una autentica amistad.